Mamá, quiero ser artista

En casa nos hemos hecho coleccionistas de arte. Pero no coleccionistas al uso, comprando obra de autores reconocidísimos, famosísimos y cotizadísimos. No. Nosotros somos más de invertir en valores futuros, de apostar por talentos aún por descubrir, de apoyar el esfuerzo de autores noveles, de… Que nos ha salido un hijo artista, vamos.

Como lo lees. NiñoNúmeroDos, consciente de que el arte corre por sus venas y de que tiene mucho que expresar y muy poco vocabulario (limitaciones de tener apenas dos años) ha optado por buscar otro lenguaje y sacar todo eso que lleva dentro, volcándolo en un lienzo. Quien dice “lienzo” dice la pared. O la mesa, el suelo, las escaleras, los cojines, la ropa… Él no es maniático. Cualquier superficie es susceptible de alojar una nueva obra. Así que nos hemos resignado a tener una colección permanente de este joven y prometedor artista en nuestro hogar.

Nuestra primera adquisición (a la fuerza, todo sea dicho de paso) fue la obra titulada “¿No? ¿Po qué no?”, realizada en rotulador sobre mesa de madera. El trazo ágil y rápido del artista, así como la paleta de colores elegida, denota las ganas de experimentar y romper los límites establecidos del autor. El naranja vibrante contrasta con la madera envejecida, dotando a la obra de una profundidad admirable. Y de cierto dramatismo doméstico, para qué nos vamos a engañar.

Después de ésta, llegó “¿Tapoco no?”. Se trata de una obra más madura, donde el artista comienza a mezclar varios colores. Dos, para ser exactos. La superficie elegida: la puerta de la entrada. Realizada con pintura para dedos amarilla y azul, el autor hace gala en este caso de un registro más amplio y añade, a las ya habituales líneas horizontales, algunos trazos verticales y un par de temblorosas curvas. La tensión que transmite esta pintura es de un virtuosismo admirable. Y no es porque yo sea su madre.

El domingo pasado amanecimos como los orgullosos poseedores de un mural en la pared de la cocina. De clara influencia expresionista, esta vez el color elegido fue un potentísimo azul klein. Y el motivo, una expedición arqueológica. O eso parece si te alejas lo suficiente y cierras un poco los ojos, como cuando se pusieron de moda aquellos dibujos en 3D ¿te acuerdas?

Desde entonces han pasado cuatro días. Y vivimos en un “ay” pensando dónde aparecerá su próxima obra de arte. Yo, hasta tengo un tic en un ojo. Apuesto a que la madre de Banksy sabe a lo que me refiero. El caso es que hoy, más que nunca, estamos encantados de haber comprado los rotuladores lavables de djeco. 16 colores moloncísimos en 8 rotuladores ¡¡y lavables!!. Desde aquí se lo digo, señor Djeco: es usted nuestro héroe. Y aprovecho para recomendarlos muy mucho.

¿Y tú? ¿También tienes las paredes de casa como si una pandilla de grafiteros se hubieran instalado con vosotros? ¿También dudas entre llamar a un pintor de brocha gorda o a la policía local?

2 Comments

    • ¡Alazne! ¿Muy fan? Dame tu dirección y te envío al artista. En dos días tienes la casa preciosa con varios murales personalizados. 😛

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