Juego de construcción Kapla y la paz en el mundo

En nuestra casa somos muy de construir cosas. Cuando digo “somos” quiero decir que Padredelascriaturas lo es, entiéndeme. Yo soy más de “uy, mira, qué mono. Lo podíamos hacer”. Y la idea se queda ahí, como flotando en el aire cual burbuja: bonita, etérea y efímera. Por eso me gusta Pinterest. Porque puedo pasarme el rato pensando “uy, mira, qué mono”, imaginar cómo quedaría en casa y luego olvidarme y ponerme a preparar la cena tan pichi. Padredelascriaturas no. Él cuando dice “mira, lo podíamos hacer”, nuestra vida funde a negro y el siguiente plano es él en acción con un taladro en la mano. O una sierra. O la herramienta que sea, que yo las distingo poco o nada. La última vez que dijo esa frase abrió una ventana entre la cocina y el recibidor, no te digo más.

El caso es que los niños han salido a él. Son muy de construir. Con dos sillas y un cojín te hacen una cabaña. Con unos palos y tres libros, una máquina del tiempo para viajar al jurásico y acariciar a un triceratops. Con las ollas y sartenes, un puente que va del sofá a la mesa de la cocina para no pisar el océano plagado de tiburones en que se ha convertido el suelo. Con este panorama, entenderás que esté como loca con nuestro último descubrimiento: el juego de construcción Kapla.

La idea es genial, porque se trata de unas tablillas de madera de pino que, por su proporción, permite construir estructuras, desde las más básicas a las más complejas, sin necesidad de pegamento o tornillos. Las piezas tienen de largo cinco veces su ancho. Y su anchura es tres veces su grosor. Esta proporción tan concreta hace que no necesiten puntos de fijación, ya que por equilibrio y gravedad se mantienen en su lugar con una estabilidad increíble. No hace falta que diga que los creó un arquitecto, claro.

Lo genial de todo es que, jugando y pasándolo pipa, están desarrollando la destreza, la imaginación, la paciencia, la creatividad, la lógica, la gestión de la frustración… Osea, que no solo es un juguete, es un material pedagógico fantástico. Después de escribir esta frase me siento como si me hubiera poseído el espíritu de María Montessori. Pero es que es así. Es una maravilla.

Y por si todo esto fuera poco, están construidas en madera natural, no tratada, de pino; de los bosques renovables de Las Landas, en Francia. De manera que sabes los materiales que estás poniendo en manos de tus retoños, y que no estás perjudicando el medio ambiente.

Para ellos tres (sí, incluyo a Padredelascriaturas en el lote) es el juego perfecto y supone horas de diversión asegurada. Para mí, es la mejor inversión de los últimos tiempos. Les enciendo la chimenea, les doy sus piezas Kapla y ya puedo prepararme un café y entrar tranquilamente en Pinterest a mirar todas las cosas preciosas que nunca haré, sin miedo a que nadie me tire abajo una pared o me construya un chalet adosado con sillas en la cocina mientras no miro. Creo que para reyes me voy a pedir otra caja de tablillas Kapla. Y la paz en el mundo.

Señor Kapla, nunca le agradeceré suficiente lo que ha hecho usted por esta familia.

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